Los contenedores quemados, las vallas apiladas, los cajeros automáticos apedreados y los adoquines arrancados literalmente de la calzada han ido dejando paso a grandes tablas que cubren las ventanas de las sedes bancarias, recuerdos del humo tatuados en la carrocería de algún automóvil y planchas sobre los agujeros en varias de la calles que acceden a la plaza de Tirso de Molina, epicentro de los altercados.
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