Ir a secciones - ir directamente a la noticia
ELPAIS.com Versión sólo texto
 
   Viernes, 27 de noviembre de 2009, actualizado a las 06:00
ELPAIS.com - Versión sólo texto
Acceso Ed. Impresa
Portada    Titulares del día
Internacional    España    Opinión    Sociedad    Tecnología    Economía    Deportes    Cultura    Gente   

LETRAS DE NAVIDAD
Navidad, instrucciones de uso


GONZALO CALCEDO JUANES
BABELIA - 24-12-2005

Por la mañana había un cerco de agujas de pino alrededor del árbol de Navidad. Las agujas parecían musgo viejo sobre la fortaleza de cajas que disimulaban la maceta. Julia había ido añadiendo cajas durante estos días. Hoy, al levantarse tarde y ver al pequeño de los vecinos recorriendo el jardín en un triciclo eléctrico nuevo, cedió en su conjura del calendario. Comprendió que debía abrirlas. Algunas agujas punzaron sus pies descalzos. Se arrodilló y desarmó la torre tentando pesos y sonidos. Rasgó sonriéndose el envoltorio más aparatoso. Su hermana Sara repartía cariño en volúmenes generosos: un jeroglífico en doce idiomas amparaba a un desquiciado robot de cocina. El regalo de su hermano era un libro sobre faros, con criptogramas antiguos y un desplegable. Ambos "comprendían" su ausencia: alguien sin hijos, sin marido, sin humor en estas fechas. El bolso de Lidia, su compañera de despacho, estaba relleno de papel; al vaciarlo quedó decaído, lacio. Como ella misma esa mañana. Otras cajas sencillamente adornaban, pero la última contenía un previsible estuche. Diseccionó el papel con la uña, siguiendo la pauta de una ranura invisible. Papel dorado, fatuo, intolerante. La bruñida monda voló hasta su regazo. Cuando sonó el teléfono, llevaba minutos, quizás horas, ensimismada en un par de pendientes coralinos.

-Diga...

-Papá, soy yo. ¡Os podéis callar de una vez! No me dejáis escuchar... ¿Papá?

Julia escuchó la algarabía infantil al otro lado de la línea, oyó a una mujer advertirle a los niños que dejasen en paz a su padre. Ella aún tenía el estuche en la mano. Los pendientes, sin instrucciones de uso, le parecieron tan fríos y desconsiderados como otras joyas anteriores, pero dijo en un susurro cortante:

-Me han encantado. Gracias.

-Papá, no cuelgues por favor.

El muy estúpido siempre fingía reconciliarse con su anciano padre en Navidad.





> Ver versión con más información relacionada


Portada    Titulares del día
Internacional    España    Opinión    Sociedad    Tecnología    Economía    Deportes    Cultura    Gente   
© EDICIONES El País S.L.