Los sabores de toda una vida
INÉS ORTEGA
EL PAÍS
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Cultura - 03-07-2008
¿Por qué los sabores de la infancia nos persiguen durante toda la vida? Es una de tantas preguntas sobre las que mi madre y yo hablábamos de cuando en cuando. El sabor de un guiso resulta de modalidades tales como gusto, olfato y vista, y del significado que toman estas percepciones. El paso de la sensación a la percepción es fundamental.
Mi madre me contaba que ella había desarrollado su pasión por la cocina al ver guisar a su abuela, una borgoñona que le legó sus cuadernos, primero a su hija y luego a mi madre. Yo aprendí de mi madre sólo mirando y de vez en cuando participando, sobre todo cuando el ritmo cotidiano se rompía con ocasión de algún acontecimiento familiar, ya que a diario mi madre tenía la suerte de tener una magnífica cocinera que seguía fielmente sus indicaciones.
En estos momentos de tristeza en que una pierde a su madre, siempre puedo recordar que las mujeres somos nosotras mismas cocinas, calderos en los que se cuecen y se van haciendo nuestros hijos, y, por ello, el hombre más próximo a esta facultad creadora es el cocinero, porque está en ósmosis con los elementos. A mi madre le agradezco que haya hecho con nosotros tan buenos guisos y nos haya llenado la mente de cuentos llenos de ricos ingredientes que han estimulado en diversos campos nuestra imaginación.
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