El Territorio Atapuerca esconde misterios que el visitante puede descubrir a pie de excavación. (VIDEO: A. ORDAX / L. ALMODOVAR)
No es una exageración el apelativo de la colina o la montaña mágica, atribuido por los investigadores del yacimiento de la sierra de Atapuerca, ese promontorio atiborrado de sorpresas que contiene los secretos de los primeros pobladores.
Por Aitor Ordax
A 15 kilómetros de Burgos hacia el este de la provincia, la asombrosa cordillera, columna vertebral del corredor de la Bureba, es un puente de enlace entre el sistema Ibérico y la cordillera Vasco-Cantábrica y, al mismo tiempo, separa las depresiones hidrográficas del Ebro y el Duero.
Se trata de un atractivo enclave natural, rico en flora, entre los ríos Vena, Pico y Arlanzón, y geológicamente compuesto por calizas, arenas y areniscas del Cretácico Medio Superior, es decir, de entre 80 y 100 millones de años de antigüedad. Un lugar de paso -como atestigua el hecho de formar parte del camino de Santiago-, ideal para el asentamiento humano de las distintas épocas de la historia, desde hace más de un millón de años.
Pasear por la sierra de Atapuerca significa pisar sobre galerías ocultas. La montaña mágica es un hormiguero de simas, en medio de un corredor natural, de excepcional conservación, al lado de un campo de tiro militar, a la distancia suficiente para no perturbar la seguridad de los visitantes. Eso sí, durante las maniobras, la constante armonía del canto de los pájaros suele romperse temporalmente a causa del lejano tronar de los disparos.
Un lugar único en el mundo
Atapuerca presume de ser un lugar único en el mundo. La colina cuenta con la presencia humana más antigua de Europa Occidental. A lo largo de unos seis kilómetros de sierra, se han hallado, hasta la fecha, más de 180 yacimientos con afloramientos de sílex, restos de distintos asentamientos al aire libre y cuevas.
Signos de actividad humana desde el Paleolítico hasta el Neolítico y la Edad del Bronce, que reflejan a qué se dedicaban aquellos pobladores, homínidos cazadores y recolectores, primero, y agricultores y ganaderos, después.
El Territorio Atapuerca, que alberga la montaña mágica, merece ser visitado con detenimiento. En una sola jornada, el viajero puede sumirse en un asombroso viaje al pasado.
El yacimiento, al que se accede desde la localidad de Ibeas de Juarros, muestra el lugar donde los investigadores escarban, año a año, pedazos de nuestra historia. Pero no es lo único visitable. Para que la travesía tenga sentido completo, hay que visitar la exposición del centro de recepción de visitantes del pueblo de Atapuerca, donde se exhiben las réplicas de los principales hallazgos de la excavación.
Muy cerca, el parque arqueológico, un recinto temático que se involucra en la interacción con el viajero para convertirle en un “auténtico” hombre de Atapuerca.