Un paseo por la historia de nuestros antepasados, en el parque arqueológico de Atapuerca. (VÍDEO: L. ALMODOVAR / A. ORDAX)
El visitante recibe en el parque temático de Atapuerca lecciones prehistóricas de supervivencia. Lecciones que rememoran una época hostil en la que el ser humano debía ingeniárselas para alimentar y dar calor a sus familias. Aquí los huesos y fósiles tornan en actividad interactiva.
Por Aitor Ordax
Partiendo del centro de recepción de Atapuerca, donde también se ubica la exposición, hacia las afueras del pueblo, se llega al parque arqueológico. Un recinto temático pensado para interactuar con el visitante, que carece de sentido sin un guía que le ayude a asimilar lo que ya ha podido intuir en el yacimiento y la exposición.
La primera parada son las huellas de la evolución, una especie de paseo de la fama con huellas de pies, desde el primer homínido encorvado hasta la pisada del hombre en la luna. Una buena forma de explicar la mejora en el modo de vida, desde los primeros pobladores hasta nuestros días, y el progreso tecnológico desde el origen.
El siguiente paso es una aproximación al uso primitivo de herramientas: cómo fabricar hachas, cuchillos o filos perfectamente cortantes a partir de cantos rodados, cómo tallar el sílex o cómo aprovechar hasta el interior de los huesos, la médula, cuando la comida escasea.
El viajero será testigo de las técnicas de los primeros hombres para plasmar sus emociones en las paredes. Arte rupestre a partir de agua, arcilla, pequeños tubos por los que soplar y sus propias manos.
En el parque arqueológico se ha recreado un poblado prehistórico, con sus cabañas y sus monumentos funerarios, que pueden contemplarse desde el interior. Aprender a cazar tirando con arco y flechas y con lanza y conocer los pasos para hacer fuego, transportan al visitante a un mundo ancestral.
Aunque no es parada obligada, el parque ofrece la posibilidad de jugar a ser investigador, aprendiendo a usar la brocha para encontrar huesos enterrados. Se trata del taller de excavación, una auténtica escuela de arqueólogos, ideal para que los más pequeños hagan sus pinitos como buscadores de fósiles.