Turismo Castilla y LeónCentenario Machado - Retorno a los Campos de Castilla

 

SORIA

Paseo por Soria tras la huella de Machado
(VÍDEO: A. ORDAX / J. L. ZARCO / P. CASADO)

La ciudad de los poetas

Una de las capitales de provincia más románticas de la geografía española y castellana, esta pequeña ciudad de 38.000 habitantes, modelada en torno al Duero, ofrece una alternativa a los destinos tradicionales.


Por Aitor Ordax

 

Tras la pista del poeta noventayochista Antonio Machado, el visitante puede encontrar en Soria, “la ciudad de los poetas” —por ella pasaron Bécquer, Gerardo Diego o Unamuno—, las pautas necesarias para comprender la vida y obra del autor, y darse un paseo por sus rincones preferidos, los lugares de su Campos de Castilla.

“¡Primavera soriana, primavera humilde, como el sueño de un bendito, de un pobre caminante que durmiera de cansancio en un páramo infinito! (…)”. A través de sus poemas, Antonio Machado legó parte de sus sentimientos por la ciudad de sus amores, su “patria chica”.

Durante los cinco años que pasó en Soria (1907-1912), Machado tuvo tiempo de impartir clase, escribir, enamorarse, disfrutar de las tertulias del Casino y de romperse de dolor por la pérdida de su esposa Leonor.

Antonio Machado era un perfecto caminante que invertía mucho tiempo en sus paseos por el centro de la ciudad y también junto al río Duero, por la ruta de San Saturio. Hoy, los visitantes pueden evocar aquellos paseos por el casco histórico, gracias al recorrido guiado que el Ayuntamiento de Soria va a organizar, desde el próximo 31 de marzo, durante la celebración del centenario.

El punto de partida se sitúa en la primera de las casas que habitó Machado en 1907, la de El Collado, la calle comercial y peatonal más transitada de Soria, esquina con la calle Instituto. En El Collado se evidencia el espíritu de Soria, una ciudad que conserva el aire de las pequeñas capitales de provincia, pero también una de las más románticas de España.

Meses después se trasladó a otra pensión ubicada a pocos metros, donde se enamoró de la hija de los dueños, una joven menor llamada Leonor Izquierdo. Un par de años después, cuando ella tenía 15 años y él, 34, contrajeron matrimonio.

El recorrido continúa por el instituto en el que impartió clase y que lleva su nombre. Los días lectivos, puede visitarse su claustro y el Aula Antonio Machado, que conserva en perfecto estado pupitres, actas y hojas de evaluación del profesor más ilustre que ha tenido el instituto. Ante ellas es inevitable preguntarse por los afortunados que fueron calificados por el profesor Machado.

El Casino de Soria conserva el recuerdo de uno de sus tertulianos más ilustres. / AITOR ORDAX

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Después, el paseo prosigue por la casa en la que Leonor y Machado vivieron a partir de 1908, la plaza Mayor, el Ayuntamiento, el palacio de la Audiencia y su famosa campana, y la iglesia románica de Nuestra Señora de la Mayor, donde la pareja se casó en verano de 1909.

Años de felicidad

“Si la felicidad es algo posible y real —lo que a veces pienso— yo la identifico mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer”
, escribió Machado en 1918, ya lejos de Soria, en una carta a su amigo Pedro Chico.

Uno de los rincones favoritos de su Soria “fría y pura” era el Casino, al que Machado acudía para disfrutar de las tertulias y en el que el viajero puede trasladarse a la época del poeta visitando sus salones y contemplando sus cristaleras.

Y después del Casino, es recomendable adentrarse en la Soria monumental, un tesoro de iglesias, palacios, conventos y ermitas. Imprescindible visitar los monumentos nacionales de la Concatedral de San Pedro y la iglesia de San Juan de Rabanera, ambas de origen románico.

Merece la pena perderse por el mercado, los cafés de la Zapatería y las tapas que ofrecen los establecimientos del centro.

A pesar de que los platos sorianos formen parte de la denominada comida pobre, la gastronomía local es muy rica. La etiqueta de pobre se refiere a la elaboración sencilla de materias primas a base de fogón y un poco de agua fresca. Hongos y asados, embutidos, trucha, mantequillas, escabeches, migas y caldereta son los principales pilares gastronómicos sorianos.

Y después de recuperar fuerzas conviene dar un paseo retomando el caminar de Antonio Machado, en busca de Nuestra Señora del Espino y el olmo seco.

El olmo seco

Lo que mejor simboliza el amor por Leonor es el olmo seco. “Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”.

Antonio Machado escribió estos versos de esperanza en 1912, después de que Leonor enfermara de tuberculosis en su estancia temporal en París. El médico les recomendó que volvieran a Soria, donde el aire puro facilitaría su recuperación. A pesar de la mejora inicial, Leonor empeoró y murió. “¡Ay, lo que la muerte ha roto era un hilo entre los dos!”

Al final del camino que va de la plaza Mayor hacia la iglesia de Nuestra Señora del Espino, se encuentra el olmo seco al que cantaba Machado. Los ocho días siguientes a la muerte de Leonor, los últimos de éste en Soria, el poeta recorría el trayecto con el recuerdo insoportable de su mujer. Unos metros más allá del olmo, en el cementerio, puede visitarse la tumba de Leonor.

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