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LA RUTA

Primera etapa del Camino del Cid.
(VÍDEO: J. PASTOR/ J. L. ZARCO /B.VIELVA)

De Vivar a Medinaceli

El Camino del Cid, que sitúa hoy al viajero tras los pasos del Campeador en su destierro, sigue los lugares y parajes citados en el Cantar como eje principal, desde su Vivar del Cid natal, en Burgos. Como elementos vertebradores de carácter secundario, enclaves tan estrechamente ligados al Cid como es el Monasterio de Silos, o localidades de una marcada impronta medieval han servido para completar este itinerario turístico, literario y de leyenda.


Por Jordi Pastor

 


“Por sus ojos Mío Cid va tristemente llorando,
Volvía atrás la cabeza y se quedaba mirándolos.
Miró las puertas abiertas, los postigos sin candados,
La alcándaras vacías, sin pellizones ni mantos”.


Los versos iniciales del Cantar nos sitúan en Vivar, inicio del Camino y pueblo natal del Cid, donde fue hallado a finales del siglo XVI el único ejemplar original conservado hasta nuestros días, guardado hasta siglo XVIII en el Convento de Clarisas de dicha localidad.

El Cid dirige sus primeros pasos a Burgos, donde no se le permite pernoctar por orden del rey Alfonso VI. Tras pasar su primera noche fuera de las murallas, se dirige al Monasterio de San Pedro de Cardeña, donde El Cid se despide de su esposa Jimena y sus hijos. Estrechamente ligado a la mitología cidiana, tanto que una escultura del Cid domina el pórtico de entrada, aquí reposaron los restos de Rodrigo Díaz y Jimena hasta que fueron trasladados al crucero principal de la Catedral de Burgos.

El Camino sigue, por Cubillo del Campo y Mecerreyes, hacia Covarrubias, villa medieval de gran interés por la Colegiata de San Cosme, el Torreón de Fernán González (siglo X) y sus fachadas, grandes atractivos de su conjunto arquitectónico. Por el valle del río Arlanza se llega a Retuerta y posteriormente a Santo Domingo de Silos. La prueba de la estrecha unión del Cid con el monasterio, cuyo abad Domingo era buen amigo suyo, es su destacada aparición en uno de los relieves de su claustro románico: un grupo de soldados vestidos con lórigas y pesadas armas de guerra recuerdan a la mesnada del Cid.

Al dejar Silos, los trazados del Camino por carretera y por sendero se separan hasta Alcubilla de Avellaneda, ya en Soria. A pie, se visitan Peñacoba y la ubicación del desaparecido pueblo de Spinaz de Can, último que pisa el Cid en Burgos según el Cantar, y cuya localización actual está en Espinosa de Cervera para algunos estudiosos, aunque otras fuentes lo enmarcan en los bosques de Pinarejos. El Camino pasa a la provincia de Soria tras recorrer Huerta del Rey, Quintanarraya e Hinojar del Rey.

Murallas del Castillo de Gormaz (Soria).

Por carretera también se visitan parajes interesantes, como La Yecla, una garganta que se recorre por puentes y pasarelas colgadas sobre las paredes calizas. También se hace parada en Caleruela y en la ciudad romana de Clunia, una de las más importantes de la Hispania romana. A través de un camino local que une Coruña del Conde y Brazacorta el Camino entra en Soria por Alcoba de la Torre.

La Soria cidiana

La ruta cidiana en Soria cuenta con dos grandes hitos. El primero, San Esteban de Gormaz, “aquella buena ciudad” citada en el Cantar, y cuyo gran patrimonio románico, en el que destacan las iglesias de San Miguel y del Rivero (siglos XI y XII), es de obligada visita. Un ejemplo de villa castellana típicamente medieval.

El segundo gran hito soriano del Camino es Castillejo de Robledo, donde los estudiosos sitúan la conocida Afrenta de Corpes, sufrida por las hijas del Cid a manos de sus esposos, los infantes de Carrión. Desde San Esteban resulta interesante dirigirse a Langa de Duero y su mítica atalaya, único resto del castillo que defendía el histórico puente medieval de doce ojos que cruza aquí el Duero. La ruta sigue hasta Castillejo, cuya iglesia románica de la Asunción (siglo XII) conserva restos de pinturas murales que relatan el episodio, que los estudiosos ubican exactamente en la cercana ermita de la Virgen del Monte. Para volver a San Esteban se pasa por Valdanzo, Miño de San Esteban y Aldea de San Esteban.

Cuenta el Cantar que el Cid y los suyos penetran en tierra de nadie al abandonar San Esteban, una región fronteriza de constantes luchas entre cristianos y musulmanes donde se visitan dos localidades importantes, el Burgo de Osma y Berlanga de Duero.

La primera, además de reconocido referente gastronómico, es también ciudad monumental y sede episcopal. Guarda en su catedral gótica varios tesoros, como el famoso beato escrito por el clérigo Pedro y miniado por Martino en 1086, uno de los códices más preciados del siglo XI. Se cruza el Duero por Navapalos, donde narra el Cantar cómo al Cid se le apareció el Arcángel Gabriel para anunciarle fortuna en sus empresas, y el Camino llega a Gormaz cuya su gran fortaleza, una de las más grandes de Europa, debe su importancia estratégica en tiempos de la Reconquista a las inmejorables vistas desde su atalaya.

Hito gastronómico en Berlanga

Berlanga de Duero también está muy ligada al Cid, que fue su alcaide -en la Edad Media, era quien cuidaba de una fortaleza- tras serle concedida en 1089. De esta villa, posada de sus hijas durante su retorno a Valencia según el Cantar, destaca el Castillo renacentista, asentado sobre uno anterior del siglo XII, su excelente gastronomía, especialmente la caldereta de cordero, y la cercana ermita de San Baudelio, joya del arte mozárabe por su arquitectura y murales, algunos de ellos expuestos hoy en el Museo Metropolitan de Nueva York.

Cuando se cumplían los nueves días concedidos por el rey Alfonso para abandonar sus tierras, el Cid y sus trescientos caballeros culminan el destierro cruzando la Sierra de Pela, por la que actualmente el Camino abandona la provincia de Soria. El pueblo de Retortillo marca el comienzo del tramo alcarreño de la ruta.

El Camino regresa nuevamente a tierras sorianas en Medinaceli, importante villa medieval de reconocido Conjunto Histórico-Artístico: su arco romano de triple arquería es único en España. Esta villa habitada por celtíberos, romanos, y musulmanes es citada en el Cantar como plaza castellana, aunque en realidad fue territorio musulmán en tiempos del Cid. Desde Medinaceli, el Camino inicia la recta final de su trayecto soriano, hasta el Monasterio Cisterciense de Santa María de Huerta, fundado en el siglo XII por Alfonso VII, y cuyo refectorio es una de las grandes obras del gótico puro.


Destacamos

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EL CANTAR DE MIO CID

Visita a la Biblioteca Nacional, donde se expone el ejemplar facsimilar.

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