
Iglesia de Peñalba de Santiago (León).
Valle del Oza (León)
Parte esta ruta hacia el silencio en Ponferrada, en busca de las primeras sinuosidades del Valle del Oza tras pasar la villa de San Lorenzo. Construcciones tradicionales y castaños centenarios dan la bienvenida al viajero, es esta huida del ruido custodiada por los Montes Aquilanos. San Esteban de Valdueza , Valdefrancos y San Clemente de Valdueza marcan la subida hacia el corazón del valle, y sus pueblos más emblemáticos. Mientras tanto, el mosaico de verdes que pintan magistralmente este paraje va envolviendo al visitante, que comienza a comprender por qué aquellos monjes visigóticos que comenzaron recalar en este retirado y laberíntico entorno, en busca de la paz espiritual.
Siempre con sosiego, despacio, aquí la prisa se queda fuera. Robles y encinas, carrascas y genistas, urzales y carqueíxas, van escondiendo a las villas más inmersas en este puzzle de pequeños valles. Así aparece Montes de Valdueza, y su espléndidamente conservada iglesia medieval, reformada en el siglo XVIII, así como las ruinas de su monasterio de la misma época, y una ermita con vestigios prerrománicos.
En el municipio de Balboa brilla la arquitectura tradicional basada en pallozas, hórreos, potros, iglesias y ermitas. La iglesia de Santa Marina es una muestra del Renacimiento en El Bierzo, a pesar de su cabecera románica. El castillo de Balboa, del siglo XIV, conserva parte de su torre y algún resto de sus muros.
Fue tierra inicialmente de ermitaños, que fundaron monasterios en Complugo y San Pedro de Montes. Siglos después, monjes huidos del Califato de Córdoba buscaron su refugio entre estas laderas, que compartieron con la fauna autóctona: jabalíes, corzos, ginetas, zorros, hurones, lobos... Las manos de estos frailes mozárabes levantaron en Peñalba de Santiago, otro de sus pueblos más emblemáticos, algunas de las claves de la arte mozárabe, como su impecable monasterio de la que hoy se conserva su iglesia. Villa de huertas y arboledas, y también de obligado paso.
Cómo llegar: Autovía del Noroeste (A6, desde Madrid o Galicia) hasta Ponferrada. Desde León, tomar la Ap-71 y hasta conectar con la A6. Desde Ponferrada, tomar el Camino de Oza (LE-161), hasta San Lorenzo, proseguir por la misma carretera hasta San Esteban de Valdueza y continuar por la Le-191/6 hasta Valdefrancos, San Clemente de Valdueza, etcétera.
Dónde dormir: Casas rurales Elba (988322037) y Turpesa (987425566).
Babia (León)
Al norte, Babia linda con varios puertos como el de la Mesa, paso de calzada romana, o el alto de la Cubilla. Los ríos que modelan los valles de la comarca maman de la Cordillera Cantábrica, a la que pertenece una de las montañas favoritas de los montañeros de León, Peña Ubiña, con 2.417 metros.
Imagen de un prado en Babia (León)
El paisaje del valle de San Emiliano es un espacio natural de referencia rodeado de cumbres de más de 2.000 metros y marcado por canchales, picos y agujas, y dolinas, simas, galerías con corrientes subterráneas y amplias praderas.Pastos verdes por todas partes, muchos en alturas superiores a los 1.000 metros, como reflejo de la importancia de la trashumancia en los siglos XIV y XV. Estos pastizales estivales alimentaron a más de medio millón de ovejas merinas en praderas de las localidades de Torre de Babia o La Cueta.
Gracias a la base de pizarra que impermeabiliza la tierra, en Babia existen lagunas de origen glaciar. Por ejemplo, cerca de Vega de Viejos y Meroy se encuentra el conjunto de las cuatro lagunas de La Mata. Entre Babia y Laciana se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Carrasconte de 1578, que cuenta en su portada norte con un megalito conocido como “la piedra furada”, una gran piedra milenaria de la época de Alfonso X el Sabio y que marca el límite entre las dos comarcas y en la que está grabada una cruz latina con un agujero en la base.
De esta zona proviene una variante del dialecto occidental del leonés, el patsuezu, actualmente en desuso. Y las sobremesas, tanto después de comer como de cenar, tienen su nombre propio: el calecho y el filandón. Se trata de reuniones al calor de las brasas donde tienen su protagonismo las canciones, historias y sucesos legendarios.
Con estos mimbres, no es de extrañar que de esta tierra, utilizada por los reyes como lugar de descanso y por los pastores como el paraíso para sus rebaños, haya trascendido al lenguaje popular la expresión “estar en Babia”.
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