La Semana Santa abulense puede presumir de la plasticidad de sus procesiones a los pies de la muralla.
Sólo el tronar de los tambores y las trompetas rompen el profundo silencio que recorre Castilla y León durante la Semana Santa. La región se convierte en un lugar de recogimiento y descanso donde vivir con sobriedad la pasión y resurrección de Cristo, o disfrutar de su diversidad cultural y gastronómica.
La Semana Santa castellano-leonesa es pasión, fervor y silencio. Es la devoción de sus gentes que salen a las calles, en un incomparable entorno de edificios románicos y góticos, y procesionan envolviendo verdaderas obras de arte.
Tallas y esculturas de vírgenes, cristos, eccehomos y conjuntos de pasión de Cristo, modeladas por artistas como Gregorio Fernández, Juan de Juni, Pedro Berruguete o Gil de Siloé, que trasmiten toda su expresividad a los fieles y curiosos que los contemplan.
Pero la Semana Santa halla en tierras castellanas mucho más que espiritualidad. A través de las nueve provincias, el visitante descubrirá además bellos rincones, tradiciones paganas y manjares propios de la Cuaresma, al margen de la fe.