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El viajero

Sábado, 11 de julio de 2009
Castilla y León

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El Cañón del Río Lobos

Esculpido a lo largo de los siglos por las aguas del río Lobos, nos ofrece una espectacular ruta en tierras sorianas, entre grandes farallones de roca caliza.

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Ribera y cortados calizos en el Cañón del Río Lobos, Soria.(Carlos Sanz)

Desde Burgos hasta tierras sorianas, las aguas del río Lobo han ido mermando poco a poco la roca caliza que encontraron a su paso, y así, en su constante discurrir de siglos y siglos, formaron el cañón al que hoy dan nombre, y que ofrece espectaculares rutas entre farallones de considerable profundidad, y cuevas escavadas en el interior de la roca.

Esculpidas gracias a la labor de erosión y desintegración de la roca, las cuevas y grutas subterráneas son muy frecuentes en todo el recorrido del cañón, proporcionando al caminante un vistoso espectáculo visual de agua y roca, entre muros decorados por vistosos teñidos de óxigo, fruto del escurrir del agua.

La riqueza, no sólo paisajística, de la zona hizo que fuera declarada Parque Natural n 1985, ya que además las elegantes formas del cañón, encierra una increíble diversidad de flora y fauna a lo largo de su trazado. Así, en sus riberas, juncos, nenúfares, eneas y lirios se mezclan con altos chopos y sauces blancos, mientras la sabina albar y el enebro se erigen como los árboles pioneros y más emblemáticos de la zona.

Las oquedades de la roca en sus acantilados sirven como refugio a muchas aves, como buitres, vencejos reales, halcón peregrino, cernícalos, águilas reales y peregrinas, alimoches, búhos reales, avión roquero o colirrojo tizón. En su cauce y orillas, conviven vívoras hocicudas, ranas, culebras, truchas y barbos, mientras revolotean alrededor pájaros carpinteros, zorzales y carboneros. La fauna del entorno la completan corzos, zorros, ardillas, liebres y conejos, tejones, comadrejas, nutrias…

A lo largo del Cañón es posible divisar restos de antiguas caleras, y también un importante legado de arquitectura religiosa relacionada con los Templarios, sumamente espectacular gracias al entorno dentro del que se ubica. Por ejemplo, la Ermita de la Virgen de los Silos en Portillo de Soria.

El Cañón del Río Lobos ofrece multitud de posibilidades en cuanto a rutas, entre las que se encuentra la que une el Puente de los 7 Ojos con El Portillo (Mirador de Costalazo). De carácter líneal, 7,5 kilómetros de recorrido, transcurre por un camino agrícola apto para caminantes y cicloturistas, durante cualquier época del año. Desde el mirador pueden divisarse la sierras de Segovia y Madrid, así como la distinta vegetación que distinguen las zonas calizas y silíceas.

Dónde dormir: Casas rurales en Casarejos y San Leonardo de Yagüe, Soria. 975 376 596 | 975 376 426 | 610 878 088 | info@canonderiolobos.com)

 

Mil caminos para recorrer

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Parador de la Sierra de Gredos.

Por la Vega del Tiétar

Desde la Adrada. el río que da nombre al valle dibuja nuestra ruta

Al sur de la provincia de Ávila se extiende, a los pies de la sierra de Gredos, el valle del Tiétar. El mejor momento para recorrer esta zona a pie es el final del invierno porque, gracias a sus condiciones climáticas, la primavera aquí es temprana. El río que da nombre al valle del Tiétar dibuja nuestra ruta. Empezamos a caminar en la localidad de La Adrada, que cuenta con un castillo que llegó a ser residencia temporal de los Reyes Católicos. De la muralla occidental de la fortaleza parte un sendero, entre olivos, que baja por la ladera del cerro sobre el que está levantada.

El camino acaba en una carretera comarcal en la que hay que girar a la izquierda, en busca de una pista de tierra muy ancha que enfila los primeros pinos piñoneros del recorrido, uno de los árboles más representativos de la vega del Tiétar.

Llegamos a una pradera amplia que atravesamos, y avanzamos por un terreno desprovisto de vegetación hasta que descubrimos un nuevo pinar, mucho más poblado que el anterior. Durante tres kilómetros sólo hay bosque y únicamente se respira naturaleza.

El Tiétar deja verse, por primera vez en el recorrido, a su paso bajo el puente Mosquera, una construcción romana de un solo arco reconstruida en el siglo XVI para permitir la comunicación entre los monasterios de El Escorial y Yuste. Es un paraje muy frondoso de orillas casi cerradas por la vegetación y un sotobosque de helechos. Al cruzar el puente tropezamos con el arroyo de la Cercá, un pequeño riachuelo que puede sortearse saltando de piedra en piedra. Sin embargo, abandonamos la pista por un camino en busca del puente Chico, otro puente romano de piedra situado a la derecha.

Entre bloques de granito que afloran en medio de la vegetación volvemos a la pista de tierra, ahora algo más estrecha, que se abre junto al arroyo hasta dejarlo a nuestra izquierda, unos metros más adelante.

Dos muros de piedra nos escoltan por un joven encinar. Al salir a terreno más abierto, sólo permanece el muro izquierdo, así que abandonamos el camino y tomamos uno nuevo a la derecha. Llegan las únicas subidas del recorrido. Son sólo un par de cuestas suaves que facilitan la vista de las montañas de la sierra de Gredos dominando el horizonte.

En el kilómetro 7,5 de la ruta hay que girar a la derecha rumbo a un pilón abrevadero para el ganado que lleva a Sotillo de la Adrada. En pleno pinar, en el kilómetro 8 de la ruta, hay que desviarse a la izquierda hacia el centro de turismo rural La Espuela, donde se pueden alquilar cabañas de madera y montar a caballo.

Continuamos hasta el puente Mocha, en el kilómetro 10, un puente romano que fue vía de comunicación con Talavera de la Reina. Otra vez en la carretera, sólo queda volver hasta La Adrada, siempre con la referencia visual de la silueta del castillo.

Por las Hoces del Duratón

El recorrido por el parque natural segoviano de las Hoces del Duratón comienza en la monumental Sepúlveda. Concretamente, en el centro de interpretación del parque, de donde se parte a través de la Plaza Mayor en dirección a Virgen de la Peña. Al cruzar el arco Ecce Homo, quedan a ambos lados un conjunto de casas de porte recio, hasta llegar a la explanada que se abre frente a la iglesia de la Peña, patrona de la villa. Detrás del cuartel de la Guardia Civil arranca un camino flanqueado por las cruces de un calvario. Siguiendo la senda empieza a percibirse la pendiente descendente hacia el río.

Después de la puerta de la Fuerza, resto de la vieja fortificación, hay que proseguir por la calzada romana que baja hasta el puente Picazo. Continúa serpenteando hasta el puente Castrillo, pero vamos a girar a la izquierda siguiendo el curso del agua. Sobrevuelan algunos buitres leonados, mientras en la ribera crecen avellanos silvestres, sauces, vergueras y chopos. El camino nos guía hacia la Huerta del Obispo que conserva unas ruinas y una alberca.

Unos pasos más adelante, comienza la pendiente, justo en la mitad del recorrido, después de ascender ladera arriba por una empalizada de sabina que lleva hasta la mitad del farallón vertical. Siguiendo la empalizada volvemos de nuevo al pie del río donde fluye el Caslilla. Más adelante, la margen izquierda deja entrever los restos de una antigua fábrica de luz y la derecha, un palomar. El puente Talcazo todavía conserva su arco romano.

En busca del río Caslilla se observan las casas de Sepúlveda trepar por la ladera. El camino atraviesa perpendicularmente la carretera entre cobertizos y casas pastoriles. Después de caminar junto al agua, salimos a la carretera vieja que, tras una curva pronunciada, nos lleva a la subida de los últimos tramos del paseo de vuelta al centro de interpretación.

 
 
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