La presa de Villalcampo (Zamora) es, prácticamente, la puerta de entrada del río Duero en el Parque Natural de los Arribes.
Castilla y León es, sobre todo, tierra de campos. El paisaje seco y árido de la meseta castellana le ha otorgado el apelativo tradicional de granero de España. Sus condiciones geológicas han provocado, en el aprovechamiento del terreno, el predominio del cultivo de secano.
Aunque Castilla y León también es agua. Por un lado, el trazado natural del Duero —el tercer río más largo de la península— se extiende por toda la región, desde su nacimiento en los Picos de Urbión sorianos hasta el parque natural de los Arribes, en la frontera zamorana y salmantina con Portugal.
Por otro, el Canal de Castilla, un río de factura humana ideado y puesto en marcha en el siglo XVIII como un proyecto de navegación interior para facilitar el transporte de mercancías por las provincias de Burgos, Palencia y Valladolid.
Gracias a los ejes este-oeste y norte-sur que suponen el río Duero y el Canal de Castilla, el regadío ha ido ganando importancia en la región. Pero estas aguas no sólo cumplen funciones agrícolas. Ambos cauces ofrecen innumerables posibilidades naturales, culturales, deportivas y gastronómicas y abren sus dos aguas al visitante.