Fumata blanca para el primer Papa no italiano en cuatrocientos años. Wojtyla fue también el primer pontífice menor de sesenta años, el primero aficionado al deporte y el primero nacido en un país comunista. Soportó el nazismo, el comunismo y en su largo pontificado proclamó la artificialidad de los bloques. Habló de derechos humanos en la ONU y en el Parlamento Europeo y habló también de perdón y el mismo lo practicó cuando visitó en la cárcel a Alí Agca que había atentado contra él dejándolo mal herido. Recibió a todos los mandatarios, aunque defendió que el Vaticano no era el centro del mundo. Por eso viajó y en ese periplo que representa 30 vueltas a la tierra lo escucharon millones de personas. Le apodaron el "Glober troter de la fe", aunque su dogmatismo le acarreó críticas en Africa por no admitir el uso del preservativo. También le llovieron críticas por su extrema ortodoxia, que le llevó a simpatizar con el Opus Dei y con los legionarios de Cristo. Wojtyla amó a los jóvenes, instituyó las jornadas de la Juventud y con ellos se sentía uno más. También era uno más entre los enfermos, padeció seis operaciones y en los últimos años su salud se fue tambaleando, víctima además de la artrosis y el párkinson, pero él no claudicó, repetía que "si Cristo hubiera bajado de la cruz, el tendría derecho a renunciar". Murió con las botas puestas y la plaza de San Pedro elevó su dolor a las alturas.
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