Yo, ALBERTO ARCE

Controvertida Cuba

Mi viaje a la Isla ha coincidido con un delicado momento para el régimen de Fidel Castro

ALBERTO ARCE - La Habana - 13/04/2007

 
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En el Barrio de Vedado, expresión de la "clase media" cubana un escaso y nada sabroso plato de arroz y pollo frito con la leyenda 25 pesos (moneda nacional) le propone al viandante hambriento que entre a comer al, restaurante "la pelota", decorado con fotos de las gestas del béisbol isleño. La camarera, tras percatarse del acento del comensal, inmediatamente propone un plato especial por el mismo precio, 25 pesos, pero expresados en CUC (peso cubano convertible). El dólar y el CUC equivalen a 25 pesos en moneda nacional, de uso para el cubano, que maneja habitualmente un salario que ronda los 10-15 dólares mensuales. No será la única vez que el "yuma", denominación popular con la que se conoce al extranjero e la isla, sea testigo de como tratan de cobrarle 625 pesos por algo que cuesta realmente 25.

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Un niño juega en las calles de La Habana
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Un niño juega en las calles de La Habana- ALBERTO ARCE

El malecón y su fantástica vista
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El malecón y su fantástica vista- ALBERTO ARCE

"Las ideas y la libertad de que nos permiten gozar nuestras ideas y nuestra cultura no se compran con un puñado de dólares"

"Nada va a cambiar en la isla sin Fidel, hace meses que Fidel está en el hospital y no ha pasado nada"

"Jinetear", popular expresión con la que los cubanos realizan su "búsqueda", no se refiere únicamente al ejercicio de la prostitución en el malecón de La Habana sino a cualquier modo de mejorar el cajón de racionamiento de productos básicos que el Estado les facilita cada mes. Una sola operación exitosa como la anteriormente descrita puede reportarle a quien la "invente", el salario de dos meses. La convivencia en el mismo territorio de dos monedas con valores tan dispares, producto de la leve apertura al capitalismo adoptada por el régimen de la isla para sobrevivir a la crisis económica bien podría calificarse como de "un país, dos realidades". Pese a que las personas entrevistadas coinciden en considerar cerrado el "período especial" caracterizado por la penuria económica y la escasez que asoló la isla tras el hundimiento de la Unión Soviética que garantizaba los suministros al país, oficialmente Cuba aún atraviesa las restricciones propias de tal situación y sobre todo, vive anclada en la contradicción de un sistema que respira tratando de aprovecharse del turismo capitalista para continuar construyendo el socialismo.

Frente al médico o profesor de universidad que vive con un salario que nunca supera los 20 dólares al mes, Alejandro, el hombre que me condujo en un viejo Lada al aeropuerto a mi vuelta a España, había resuelto la misma cantidad en media hora de trabajo. Eso sí, de modo ilegal, ya que no está autorizado a trabajar por cuenta propia y corre el riesgo de ganarse una multa que en ningún caso superará el importe de la carrera ya que estará denominada en pesos nacionales y no en divisas. Aún en caso de ser multado, y en virtud de la "ayuda" que los cubanos se brindan los unos a los otros, repartiendo el precio de la carrera con el policía, la multa se olvidará. Carlos, un profesor de medicina de la Universidad de Oriente, veterano de la guerra de Angola, se sienta a mi lado en la Plaza Céspedes de Santiago y me enseña sus zapatos, rotos, "¿porqué un profesor universitario no puede comprarse unos zapatos nuevos?" se lamenta al mismo tiempo que insiste en la felicidad que le garantiza vivir donde y como quiere vivir, entregado un trabajo que le satisface y le realiza como ser humano, "económicamente pasamos muchas dificultades, pero las ideas y la libertad de que nos permiten gozar nuestras ideas y nuestra cultura no se compran con un puñado de dólares".

¿Y después de Fidel qué?

Perderse por la Habana sin rumbo fijo ni contactos previos permite adquirir un paréntesis de realidad, subjetivo y seguramente parcial, apenas tamizado por el conocimiento de la política macro o las versiones oficiales, pero extremadamente gráfico en cuanto impresión aleatoria de una realidad compleja. Según muchos observadores extranjeros se encuentra a la expectativa de lo que suceda con la salud de una persona y según cualquier cubano con el que se converse en torno a la eterna pregunta ¿y después de Fidel qué?, nada cambiará pase lo que pase con el Comandante ya que su sucesión está perfectamente planificada como se ha demostrado durante los últimos siete meses. Roberto, músico y ferviente admirador de Sara Montiel que desde hace décadas, vive en el tranquilo barrio habanero de Cayo Hueso, se refiere a Fidel como "el ciclón" y explica el modo en que ha garantizado que "ya nada pueda cambiar nunca en este país". Le conozco mientras fotografío un bonito edificio que se cae piedra a piedra, al igual que la mayoría de construcciones de la ciudad. Se acerca y me pregunta "¿sabes que el dueño vive en España y es hijo de un amigo mío, ya fallecido, que abandonó el país cuando llegó el ciclón?. Ahora viven aquí unas 30 personas que apoyan la revolución porque tienen miedo de que las cosas cambien y alguien los expulse de sus casas.". Poco a poco comienza a soltarse, especialmente a partir de que una mujer que nos miraba desde la eterna silla frente a la puerta de su casa se retira al interior. "Esa mujer es informante del Ministerio del Interior. Están en cada barrio, a veces se sabe quienes son y a veces no. "Yo vendo aceite por detrás para ganarme unos pesos y lo saben, pero siempre hay que tener cuidado con ellos, cuando quieran podrán venirme y multarme por hacerlo".

Alejandro, el "taxista", con su evidente sinceridad, propia de la mayoría de los cubanos, analiza también la situación de la seguridad y la pobreza "Al menos soy libre para salir a la calle y buscarme la vida. Mis hijos nunca han pasado hambre e irán a la universidad sin tener que pagar un peso. Si tengo un accidente, pase lo que pase, el sistema sanitario me tratará gratuitamente y cuando nos paramos en los semáforos o conducimos a las 4 de la mañana no es necesario acelerar en los semáforos o subir las ventanillas por miedo a que nos maten como sucede en Mexico o Buenos Aires. Aquí vivimos seguros y tranquilos. Tú has estado en la isla y lo has visto por ti mismo, ¿Dónde están los niños que se mueren de hambre, los que esnifan pegamento? Yo me quedo. Yo no me voy de Cuba bajo ningún concepto."

Roberto, Alejandro y Lola, la mujer que me aloja en divisas en su casa del barrio de Vedado coinciden sin la más mínima duda. "Nada va a cambiar en la isla sin Fidel, hace meses que Fidel está en el hospital y no ha pasado nada. Raúl tiene la situación totalmente controlada". Alejandro y Lola se expresan también del mismo modo cuando insisten en que "Raúl es más militar, incluso demasiado, al contrario que Fidel, que podía ocuparse de cada pequeño detalle de lo que sucedía en la isla". Poco más puede extraerse del cubano de la calle en dos semanas de preguntas.

También se expresa respecto a la sucesión y el futuro de la isla Abigail, un documentalista santiagueño que participa del movimiento musical y cultural más avanzado del país y me ha demostrado que la necesidad aprieta pero no ahoga cuando existe la imaginación, explicándome cómo se montan ordenadores pieza a pieza y se consigue la infraestructura para editar vídeos sin disponer la facilidades tecnológicas a las que estamos acostumbrados en Europa. Abigail no jinetea al turista, ni pide dinero, no trata de escapar, simplemente trabaja, piensa y crea, con total tranquilidad, investigando sobre temas de su interés, las revueltas de cimarrones, el hip-hop o el modo de incrementar memoria en los discos duros que va consiguiendo mientras saca fotos en fiestas de cumpleaños para pagárselos. Una vez supo de la enfermedad del Comandante se alistó de modo voluntario en las Fuerzas Armadas durante tres meses como especialista en defensa antiaérea, consciente de la necesidad de contribuir a la defensa de la isla en un momento de incertidumbre. Eric, periodista del Departamento de Cultura de la Provincia de Santiago y una de las personas más inteligentes y profundas con las que he tenido la posibilidad de compartir charlas se expresa con crudeza sobre una ausencia a la que no muchos se refieren. Muchos de sus amigos no están en el país y los vacíos humanos no se llenan sólo con ideas, por más firmes que éstas sean cuando uno toma la decisión de quedarse.

El festival de cine

Junto a Eric y Abigail charlamos sobre la realidad cultural de la isla a raíz de "Buscándote Habana" el documental dirigido por Alina Abreu, una joven estudiante de Cine que seguramente dará que hablar si este año logra ingresar en el circuito de festivales españoles. Acaba de ser premiado en la Muestra de jóvenes realizadores, el festival Santiago Álvarez del ICAIC y la Escuela de San Antonio de los Baños. Relata con crudeza, espontaneidad y una tensa narrativa perfectamente mantenida la historia de familias de orientales, principalmente santiagueros que emigran sin autorización a los suburbios de La Habana en busca de una vida mejor. El plano final, viva imagen de un Cristo humano que avanza cargando con la cruz resume gráficamente la vida del cubano al mismo tiempo que plantea dudas, a partir de sus premios y su profundo ejercicio de la autocrítica en torno a las reiteradas acusaciones de falta de libertad de expresión en la isla. Si "Buscándote Habana" es premiado en los festivales de cine cubano y ha sido realizado por una escuela de cine de estatal, podemos debatir sobre si realmente existen la crítica y el margen de libertad de expresión que muchos ponen en duda. Los jóvenes empujan en Cuba, y la Televisión Serrana, con sus cortos documentales sobre la vida rural en la Sierra Maestra o el reggae del Callejón de Hame en La Habana son sólo alguno de los múltiples ejemplos de ebullición cultural que maravillan al extranjero.

Junto a un grupo de participantes en el Festival de Documentales Santiago Álvarez del ICAIC, pudimos compartir mesa ante el mismo arroz, pollo frito y sándwich de jamón y queso que se come a lo largo de toda la isla con el Ministro de Cultura Abel Prieto. Quedó claro que el gobierno cubano se mantiene activo y en vanguardia en cuestiones culturales y cinematográficas. Nos relata multitud de anécdotas sobre el rodaje del último documental de Michael Moore, una comparación del sistema sanitario cubano y el norteamericano que probablemente levantará ampollas una vez más. Pasa a relatar las cifras y logros de la Feria del Libro que acaba de clausurarse y antes de despedirse mantenemos un interesante intercambio de impresiones junto a Arturo Cisneros, director del documental Bagdad Rap, sobre lenguaje documental, comunicación política y medios de comunicación. Abel Prieto es un hombre informado, antiprotocolario y dinámico que se lleva copias de muchos de los documentales exhibidos en el Festival del ICAIC para, según dice, promover que se vean a lo largo de toda la isla. Bagdad Rap, inédita en la televisión de nuestro país pese a ser uno de los documentales españoles de mayor recorrido internacional del pasado año, acaba de ser proyectada en la Mesa Redonda, el programa de debate de la Televisión estatal cubana.

Vuelta al hotel

De vuelta al Malecón de la Habana, un sábado a media tarde, elijo dejarme acompañar aleatoriamente por uno de los cientos de jóvenes que merodean a los turistas. Son auténticos profesionales en proveer al extranjero de cualquier cosa que se necesite, desde prostitución hasta cualquier tipo de drogas. Le digo que lo que quiero es que me saque del centro y me lleve a su casa para tomar una botella de ron que, obviamente, yo pago. El barrio de Jesús María pertenece al distrito de Habana Vieja pero en nada se parece al parque temático para turistas que rodea la catedral de la Habana. Infraviviendas sin cristales en las ventanas y carentes de la más mínima comodidad en las que se hacinan familias de hasta diez miembros en espacios de no más de 60 metros cuadrados. Se respira, en cambio, una pobreza digna, en comparación con otros países de América Latina que se han visitado y la sensación de seguridad, sin el más mínimo rastro de violencia, demuestra que la Revolución ha sabido evitar la marginalidad social que destruye otras urbes del continente. Me siento, rodeado de jóvenes de mi edad, en el interior de una de estas casas, que en Brasil equivaldría a una Favela y en Buenos Aires a una Villa de Emergencia, e inmediatamente se genera un debate. Pero no conmigo, entre ellos.

Quien me ha acompañado hasta allí les dice que soy español y periodista. Inmediatamente se pelean por hablar. Uno de ellos trabaja en el sector de la pastelería. Su mujer explica que sacando azúcar, harina y chocolate de su centro de trabajo no tiene el más mínimo problema para completar el mes. Se proclama firme defensor de la revolución y miembro del Partido. Su esposa, en cambio, se queja de trabajar en una fábrica de medicamentos que salen directamente hacia Bolivia, Venezuela y otros países. Pregunta enfadada porqué los cubanos deben pasar necesidades y al mismo tiempo ser el país más solidario de América. Le sugiero que el petróleo venezolano entra a la isla en condiciones beneficiosas y se limita a responder que ellos no pueden ni soñar con tener un coche, entrar en una discoteca, o viajar a ver sus familiares en otras zonas de la isla. Que ellos aún no han conocido aún las maravillas de la colaboración con Chávez. El propietario de la casa, mientras repara el par de zapatos que una vecina acaba de traerle cuenta cómo trabajando en la construcción de un proyecto conjunto con Venezuela se separaba a los trabajadores cubanos y a los venezolanos, alimentando a éstos con mejores raciones que a los cubanos hasta que la responsable de la delegación venezolana protestó por la discriminación.

Mientras dos o tres de los jóvenes reunidos re refieren al sistema directamente como mierda y aseguran que se irían de la isla para no volver más, otros les hacen callar no por miedo sino por disconformidad con sus opiniones. Una de las muchachas asegura incluso que pidiéndolo a través de los canales correctos podría conseguir hasta un puesto para jinetear si quisiese hacerlo y recrimina a cada uno de ellos por no especificar que todos trabajan y el Estado les garantiza la vivienda, la alimentación básica, la sanidad y la educación de los niños. Tercia entonces, en la conversación, el más alto y bien parecido de todos ellos, el único blanco del grupo, que me relata cómo intentó escapar en balsa a los Estados Unidos y fue detenido a ocho millas de la costa. Más allá de los detalles sobre cartas de navegación, meses de preparación física nadando en el mar o de los rebuscados sistemas para ahuyentar a los tiburones, incide sobre el castigo. Es músico y le han prohibido trabajar como tal por tratar de abandonar la isla. Sueña y sueña con irse a Europa para triunfar como cantante y me lo demuestra a ritmo de Son mientras los demás olvidan la conversación sobre la realidad y comienzan a moverse al ritmo de la canción. Es sábado por la noche y pese a las dificultades, los intensos debates y la diversidad de opiniones, prefiero quedarme con que Cuba es una fiesta y trato de imaginarme como terminaría la bailanta de una villa de emergencia en el conurbano bonaerense o una favela de Río de Janeiro. Controvertida Cuba.

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