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PEDRO BERNAL - Mérida - 20/08/2007
Los persas de Bieito es un musical descarnado y feroz dirigido a revelar las motivaciones que animan a los soldados de los ejércitos modernos para participar en las guerras. Esquilo, en la obra original, desvela cómo personas concretas defienden la sagrada obligación de entregar la vida por su patria, por su rey, al que justifica; pero también pone el acento subliminal en la rebeldía eterna que se manifiesta, en el pueblo atacado, contra los invasores. De ahí tal vez la maldición sobre la inevitabilidad de las guerras: siempre habrá ofensores y ofendidos. Los persas de Bieito dice muchas cosas de forma explícita, y esboza otras, lanzadas a los espectadores para provocar, para remover las conciencias, en la pretensión de ahondar en razonamientos comunes, en opiniones que están ahí, en la calle, discutidas en conversaciones de bar, playa y verbena, y disueltas necesariamente un poco más acá de la línea donde podríamos perder el estatus, el precario bienestar social que gozamos. La puesta en escena de Los persas de Bieito es espectacular, desconcertante y concreta como el paisaje de un atentado iraquí; tan actual que produce escalofrío y golpea sensibilidades (de ahí, pienso, las críticas negativas). No sé si volverá a representarse. Este tipo de actuaciones suele ser efímero: difícilmente puede volver a verse tal cual: al fin y al cabo, en teatro cada representación es única. Pero es tal la gama de matices (tal vez para alguien poco acostumbrado a la asistencia a estos actos, como es mi caso), que merece señalar la huella pacifista impresa en cada escena, el revulsivo que representan las actitudes favorables a la violencia, el penoso escenario psicológico de soldados y civiles, obligados a una supervivencia física y mental que, en la mayoría de los casos, no han buscado deliberadamente (alístate, alístate?). La sinrazón de la violencia y de la guerra se ve, además de consustancial al ser humano, como la mayor de las injusticias (el bombardeo de la escuela, etc.), imposible de justificar con ideas religiosas, patrióticas o sociales (en el sentido de hacer cambiar formas de pensamiento ajeno). Y es quizá el mayor aporte (motivo último del Teatro) con que Los persas de Bieito llama a nuestra conciencia social con los nudillos descarnados (por la mina), producto de un comercio armamentístico al que nadie somos ajenos. Aplausos.
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