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ERIKA GERTSCH - Madrid - 25/02/2009
Está a punto de cumplirse el quinto aniversario de los atentados. Las imágenes que dieron la vuelta al mundo y que fueron luego mortalizadas en un alarde monumento dedicado a las víctimas del terrorismo en marzo del 2004, es hoy una escultura vidrial (de vidrio) deteriorada, abandonada, pareciera que el tiempo se la desea llevar con los recuerdos. Casi dos años después de que se inaugurara y a punto de cumplirse el quinto aniversario de los atentados del 11-M (marzo), el Monumento a las víctimas, (situado en la estación de Atocha, en Madrid), se encuentra con un enorme agujero deshinchado por falta de mantenimiento. Al entrar al local se respira polvo, humedad. Es fácil detectar el descuido, tras cinco años de lo sucedido, grita en el salón azul: "que no se apague nunca la memoria", una frase que se encuentra cortada por un agujero, al parecer jamás reparado. No hay luz, sólo la proveniente de la cúpula, el salón no parece el símbolo de vida que prometieron en su inauguración. Apenas se percibe que está ubicado en la estación de trenes (Atocha) y resulta difícil creer para algunos visitantes, que en ese espacio hayan perdido la vida 191 personas y con ellas decenas de familias destruidas. La obra en memoria de las 191 víctimas está diseñada para verse a dos metros bajo tierra, desde la "habitación azul". Para muchos es un monumento que sana las heridas, el límite con otro mundo, para otros, una inversión de tres millones de euros que ahora se están perdiendo por el descuido, por la indiferencia. Un monumento en donde a cada paso, se hace el vacío. Silencio.
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