FRANCISCO GORRÍN - Santa Cruz de Tenerife - 15/06/2007
Treinta años desde las primeras elecciones democráticas... Es en conmemoraciones como estas, donde la propia dinámica de la celebración nos arrastra a echar la vista a atrás, cuando nos damos realmente cuenta de lo rápido que se nos pasa la vida.
De aquél 1977 recuerdo a un muchacho de veinte años, estudiante de magisterio, vecino de un barrio obrero en las afueras de la capital y sensibilizado políticamente. Un joven que no pudo votar aquél mes de junio porque la mayoría de edad estaba en los veintiuno, pero que en el fondo le daba igual. Creía firmemente en que las cosas cambiarían con la lucha diaria y en ello estaba con la conciencia limpia de dudas, con una fe ciega en un futuro mejor. Ahora; palabras como libertad, esperanza, compromiso, democracia, radicalismo y poder popular nos parecen devaluadas, pero en esos años tenían una resonancia legendaria.
Los que se han dejado vencer por el sarcasmo y algunos traidores que reconvirtieron su radicalismo para ponerlo al servicio del poder y el dinero, avisan de que hay que tener cuidado con la melancolía al mirar atrás, porque puede jugarnos malas pasadas en el sentido de no permitirnos hacer un análisis ajustado a lo ocurrido. No les hagan caso. Probablemente no habría una idea clara de lo que se pretendía, pero si del andamiaje que había que echar abajo. Las generaciones de españoles que se encontraron en aquellas fechas, se conjuntaron para cambiar la historia de un país en el que los derechos de sus ciudadanos siempre habían sido cercenados.
Tengamos cuidado en cómo le narramos lo sucedido a los que no lo vivieron. En los reportajes televisivos nos presentarán a los líderes de aquellos momentos (a los que no hay que quitar méritos: se ganaron esa denominación, a diferencia de los políticos de ahora). Pero es de justicia reconocer también que sin la implicación de tanta gente anónima, que se esforzó por batallar contra el miedo que paralizaba las conciencias y salió a la calle, se comprometió y abrió el camino para los demás; la cosa probablemente hubiera sido muy distinta.
En ese verano, aquél muchacho había participado ya en múltiples batallas estudiantiles en la universidad, había contribuido a crear una Asociación Juvenil en su barrio que dinamizó un entorno que era un erial cultural y social. Y colaboraba para dinamitar lo que había sido la llamada "Asociación de Cabezas de Familia" (menudo nombrecito) y reconvertirla en Asociación de Vecinos, aprovechando que se acababa de aprobar la Ley que las autorizaba.
La banda sonora de los recuerdos
Para celebrar el cambio, se preparaba lo que iba a convertirse en un hito de la pequeña historia de la zona: Las primeras fiestas que se hubieran celebrado en muchos años y que aún hoy son recordadas por los que las disfrutaron. En la primera quincena de septiembre un sin fin de actos de todo tipo se organizaron día tras día: Conciertos de folclore, canción de autor, rock... Pero también hubo bailes, charlas, conferencias, exposiciones, una campaña de limpieza y ajardinado ejemplares por parte de los propios vecinos... y sobre todo, sana diversión, colorido y mucha música sonando por los altavoces colocados en lugares estratégicos. Aún se recuerdan las discusiones por convertirse en improvisados pinchadiscos (una palabra condenada al olvido, por cierto) para amenizar aquellas calurosas tardes de un maravilloso septiembre en las que se sentía nacer un sentimiento de orgullo vecinal, una alegría nueva por pertenecer a un colectivo que trabajaba junto por mejorar el entorno de lo que era su vida. En la banda sonora de los recuerdos de tantas sensaciones brilla con luz propia el que acabaría por convertirse en un disco para la historia: Hotel California, de los Eagles.
Y les aseguro que hubo gente a la que aquellas fiestas le marcaron para siempre. Brotaron nuevas amistades y Cupido anduvo rondando haciendo de las suyas, uniendo corazones y alterando pulsos. Hasta tal punto, que algunos tienen algo más que celebrar en este 2007, treinta años después. Porque en aquél lejano verano de 1977, no sólo se celebrarían las primeras elecciones que traerían la democracia a España, sino que aquél muchacho del que hablaba, por ejemplo, conoció y quedó prendido de la muchacha que iba a ser el gran amor de su vida...
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