SERGI ESTEBAN - Tbilisi (Georgia) - 10/08/2008
La situación de guerra que vive Georgia con la declaración oficial de su presidente no altera el quehacer cotidiano de la población capitalina, salvo en puntos muy localizados. Si bien continúa habiendo menos gente de la habitual en los bares y muchos se quedan en casa observando la evolución de las noticias en la televisión, otros no dejan de celebrar bodas con toda pompa si así lo tenían previsto.
Dejando de banda los dramas personales que se viven en los hospitales y las exhibiciones públicas de símbolos patrios, la tarde de ayer sábado sólo se vio alterada por las personas que de forma espontánea se concentraron delante del parlamento, algunas para escuchar de primera mano lo que sus representantes tenían que comunicarles; otras, la mayoría, para trasladar a éstos sus inquietudes e instarles a resolver el conflicto. Tal fue el caso del Presidente del Parlamento, Giorgi Tsereteli, que fue abordado por varios ciudadanos, y de otros diputados, que tuvieron que escuchar gritos de algunos de los presentes.
Algunas personas recriminaban a sus políticos que enviaran al frente a jóvenes que apenas habían llegado a empuñar un arma. Muchos de los presentes, por otra parte, eran residentes de la zona en conflicto que habían sido trasladados. Una mujer explicaba cómo había tenido que ir a Sagarejo, localidad al este de Tbilisi, huyendo de Osetia, donde seguía su marido con el que no tenía contacto. Otra mujer anunciaba su historia a quien la quisiera escuchar: tuvo que huir de Tsjinvali en el 92, tras los primeros combates. Ahora le tocaba de nuevo coger las maletas y volver a escapar de las bombas.
Los representantes políticos intentaban al principio calmar a la gente, pero los que han tenido que vivir el drama en primera persona no entienden de contemporizaciones y rápidamente la escena se tornaba desagradable. Se escuchaban también reproches a la actitud del gobierno georgiano. Se le acusaba de haber provocado el conflicto con la movilización del ejército. Las discusiones rápidamente se trasladaban al resto de personas que, en corrillos, confrontaban opiniones diferentes y, en ocasiones, acababan siendo separadas por la multitud con el fin de evitar males mayores.
Los hospitales, desbordados
Los principales hospitales de Gori y Tbilisi están siendo desbordados por el aluvión de heridos provocados en los dos días que dura el conflicto. El personal médico que difícilmente da abasto a atender a los nuevos ingresos, en su mayoría militares, que van entrando y saliendo continuamente del centro hospitalario, se mueve entre la multitud de familiares y amigos que consultan las listas de nombres pegadas en las puertas o que esperan a sus conocidos. A las doce de la noche, seguían llegando autobuses de soldados al Hospital de Gudushauri, el mayor de Tbilisi. Los que no presentaban heridas graves eran de nuevo subidos al autobús para ser trasladados a otros centros.
De nuevo, corros de personas inquiriendo a los afectados cuál es la situación en otros puntos y, quizás, preguntando por la suerte de algún conocido. El Hospital Clínico de la Universidad de Tbilisi esperaba recibir pacientes procedentes de otros centros donde no podían ser alojados. Las autoridades sanitarias siguen solicitando a la población la donación de sangre para los heridos.
¿Qué es esto?Compartir:
Ayúdanos a construir ELPAIS.com. Si has sido testigo de alguna noticia, envíanosla y nosotros la publicamos. Puedes mandarnos textos, fotos, vídeos o documentos. Ahora los lectores de ELPAIS.com se convierten en periodistas.
Fuegos en la naturaleza, en la ciudades, en domicilios...
Crónicas de manifestaciones, protestas, reivindicaciones...
Análisis en profundidad de diversos temas
Todo lo relacionado con los problemas del municipio al que perteneces
Lluvias, nevadas, inundaciones, ...