SERGI ESTEBAN - Tbilisi (Georgia) - 09/08/2008
La mañana del 9 de agosto amaneció fresca, después de que la lluvia nocturna y una ligera brisa bajaran la temperatura de la noche anterior. Los 35º que habitualmente padecen los habitantes de la capital del Caúcaso durante los meses veraniegos se sumaron al ambiente caldeado que se vivió desde primera hora de la tarde de ayer, cuando corrió la noticia de que aviones rusos habían sobrevolado la capital para atacar la base militar de Vaziani, situada a dos kilómetros de Tbilisi. Aquellos que se encontraban en el suroeste de la ciudad pudieron verlos pasar por encima de sus cabezas a gran velocidad y, poco después, observar el humo que llegaba desde el centro militar.
La escalada de tensión vivida en los últimos meses entre Rusia y Georgia llegó a su punto máximo con la intervención del ejército georgiano en Tsjinvali que provocó 1.500 bajas en la población civil y 15 entre los cuerpos de paz rusos, según fuentes del gobierno separatista de Osetia del Sur. La televisión georgiana interrumpió su programación a las 4 de la tarde para informar del ataque ruso en Tbilisi. Poco después se conocía también el bombardeo en Gori, ciudad natal de Joseph Stalin, a una hora de la capital. Las informaciones mostraban las bajas del ejército georgiano y pedían a la población acudir a los hospitales a donar sangre para los heridos.
A primera hora de la noche, las glamurosas terrazas del Maden, lugar habitual de encuentro en la ciudad vieja de Tbilisi, ofrecían una imagen anormalmente triste para un viernes y poca gente atendía a las pantallas que mostraban la ceremonía inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín. Sólo la zona de restaurantes presentaba una cierta vitalidad, ayudada por la presencia de turistas. La población local, en su mayoría, no pasó de mostrar una inquieta tranquilidad y preocupación por los acontecimientos futuros que el conflicto pueda acarrear, como la llamada a filas a los adultos en la reserva. El camarero de un bar aseguraba que amigos suyos habían sido reclutados en la calle para ser enviados al frente. Probablemente exageraba, pero sí corrían rumores de detenciones por parte de reservistas que intentaban evitar su participación en el conflicto.
Los supermercados siguen repletos de productos y no se observa especial movimiento alrededor de ellos. No obstante, unos pocos miles de personas se movilizaron para mostrar pacíficamente su rechazo a la intervención militar rusa. Ataviados con la bandera georgiana usada desde el siglo XIV y que el presidente Saakashvili reintrodujo en 2004, como símbolo de cristiandad y en homenaje a la época dorada de la reina Tamar, se dirijeron hacia la embajada rusa, custodiada por un importante número de policías. Allí, se encendieron velas formando la bandera y el nombre de Georgia y se mostraron multitud de mensajes, muchos dirigidos a la comunidad internacional. "Escucha, mira, habla", rezaba una pancarta, reclamando una implicación de ésta en el conflicto. Otra, mostraba el águila bicéfala, símbolo del estado ruso, en actitud beligerante picoteando con cada cabeza las dos regiones secesionistas, Abkhazia y Osetia del Sur, junto con el lema "No es un conflicto étnico, es un conflicto de georgianos contra rusos". Los manifestantes se agolpaban alrededor de los coches para escuchar las noticias de la radio, sin embargo no pasaron de lanzar esporádicos gritos contra la luz que salía de alguna ventana del edificio cuando se supo que Poti, el principal puerto comercial del país, fue también atacada. Varios de ellos, culpaban al imperialismo ruso de ser el causante de los problemas con todos sus vecinos y, algunos, criticaban la falta de actitud de la Unión Europea, atemorizada, según explicaban, de que Rusia pueda cerrar los grifos del gas a los países occidentales.
Quizás por esta falta de actividad, se decidió formar una cadena humana que recorrió los aproximadamente tres kilómetros que separan la embajada de Tavisuplebi Moedani (Plaza de la Libertad), donde se encuentra el ayuntamiento y la columna que sostiene a San Jorge derrotando al dragón, monumento a la libertad erigido en 2006 en reconocimiento a la revuelta popular que conllevó el fin del gobierno de Shevardnadze. La marcha, acompañada de multitud de coches haciendo sonar sus bocinas, pareció por momentos más una celebración deportiva que una protesta popular. Al llegar al ayuntamiento hubo algún momento de tensión. Un ciudadano se encaró con los guardias del edificio consistorial reclamando que su hermano había ya dado su sangre por su país y que su madre tenía que llevar luto en ese momento. Precisamente sangre es lo que solicitó una joven desde un megáfono. Hizo una llamada para que la gente acudiera a los hospitales a donar sangre para los heridos. Cerca de las tres de la madrugada, la gente fue circulando hacia sus casas con la esperanza de que los eventos vividos no pasen de aquí y la plaza recobró su aspecto habitual.
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