OMAR CRIOLLO - Caracas - 18/11/2007
A cualquiera que tenga hijos, le produce angustia y miedo pensar que uno de ellos pudiera salir herido, ser apresado o, peor aún, caer muerto. Hay que ser prudentes y mantener el equilibrio. No podemos, por más que estemos de acuerdo con la actitud asumida por la población universitaria en su mayoría, aupar insensateces con piedras y palos. Los jóvenes han dado una lección magistral de lo que es hacer oposición con valentía y arrojo, pero sobre todo con paz y en paz. Es, por tanto, deber de todos quienes secundamos esa actitud retadora pero sensata, buscar que cada manifestación de calle que se haga esté dentro del ámbito de la tolerancia. Además, los jóvenes han sido reflexivos porque les parece inaceptable que una reforma constitucional se haga de la noche a la mañana sin ser dada a conocer, y peor aún sin ser discutida con el soberano. Son dueños de la razón cuando argumentan que muchos de los artículos violan los derechos fundamentales que son inalterables y por los cuales Venezuela firmó la Carta de los Derechos Humanos. Asimismo, muestran que tienen cerebro porque han realizado sus denuncias concienzudamente ante los órganos del poder que están allí para escuchar y responder a las demandas del pueblo. La juventud venezolana, para nuestra fortuna, es además de adrenalina, reflexión, razón y cerebro.
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