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Nasry Asfura, apoyado por Trump, asume el cargo como presidente de Honduras con la austeridad como bandera

Al acto de investidura no asistieron presidentes ni jefes de Estado ni la presidenta saliente, Xiomara Castro, que vio “un fraude” en su victoria electoral

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Toma de protesta de Nasry Asfura
Nasry Asfura rinde protesta como presidente de Honduras, este martes.Foto: Leonel Estrada (Reuters) | Vídeo: EFE

Entre el Congreso Nacional y el Parque Central de Tegucigalpa hay una calle estrecha llamada Bolívar donde, con algo de suerte, caben algo más de mil personas apiñadas. Fue ahí donde, ante menos público que ese, el nuevo presidente de Honduras, Nasry Asfura —conocido como Papi a la orden— salió a dar un breve discurso de agradecimiento, tras recibir oficialmente la investidura presidencial este martes. “Gracias a todos los que lucharon por nuestra querida Honduras”, dijo de forma escueta, mientras un grupo reducido de simpatizantes lo ovacionaba. Asfura asume el mando del Gobierno de este país de 11 millones de habitantes precedido por el apoyo público que le dio el presidente estadounidense, Donald Trump, pocos días antes de las elecciones del pasado noviembre.

Asfura, presidente de Honduras para el periodo 2026-2030, asumió el poder en una ceremonia marcada por la austeridad. El acto se realizó en el Congreso Nacional, con capacidad para unas 200 personas, sin mayor pompa y con una lista acotada de invitados. Asistieron representantes de los tres poderes del Estado, organismos internacionales y diplomáticos acreditados en el país. No hubo presidentes extranjeros, ni siquiera de los países vecinos —Guatemala, Nicaragua o El Salvador—, como suele ser habitual en este tipo de ceremonias. Un aspecto llamativo es que a la investidura no asistió la presidenta saliente, Xiomara Castro, quien aunque respetó los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE) había acusado al del político conservador que triunfó con el apoyo de Donald Trump “gobierno de facto” salido “de un monstruoso fraude electoral”.

Durante su discurso de investidura, el nuevo mandatario saludó de manera general a los representantes de organismos internacionales, pero no hizo ninguna mención particular a la representante de Estados Unidos en Honduras, Colleen A. Hoey, incluso luego de haber recibido el apoyo de Trump. Asfura fue proclamado presidente electo de tras un largo y caótico escrutinio electoral que sumió al país centroamericano en la incertidumbre durante un mes. La declaratoria no estuvo exenta de polémica por la división de los tres integrantes del Consejo Nacional Electoral (CNE), que no lograron un acuerdo unánime para nombrar a un triunfador de los comicios. El triunfo del conservador fue cuestionado en Honduras debido a que el margen del triunfo apenas rondaba los 40,000 votos en un padrón electoral de 6.3 millones, según los últimos datos oficiales.

También se esperaba que el presidente presentara este martes a su gabinete completo, algo que no ocurrió.

El discurso estuvo marcado por la parquedad. “El tiempo empezó a correr, no lo podemos desperdiciar, tenemos que empezar a trabajar”, afirmó. Añadió que uno de sus principales objetivos era reducir las instituciones del Estado y aumentar su efectividad. También abordó de manera superficial algunos de los principales problemas del país, como la seguridad, la salud y la educación. No mencionó en ningún momento el crimen organizado ni el narcotráfico, considerados los principales desafíos de Honduras y uno de los focos de atención permanente de Washington.

Tampoco hubo referencias directas a las pandillas, otro de los problemas centrales que enfrentará su Gobierno. Ese mismo día venció el régimen de excepción impuesto por la administración saliente de Xiomara Castro en 2022, que no será renovado. La medida fue la principal estrategia para combatir la extorsión y otros delitos, aunque, según expertos locales en seguridad, tuvo escasos resultados.

En materia de salud, el país atraviesa una grave crisis sanitaria, con una deficiente respuesta a la demanda de cirugías en los hospitales públicos. El oficialismo que asumió funciones el lunes presentó un proyecto de “Ley de medidas excepcionales para la atención al pueblo”, que implicaría una forma de privatización del sistema de salud, de acuerdo con el medio Contracorriente.

Un traspaso de mando discreto

A diferencia de traspasos anteriores, la celebración pública no se realizó en el Estadio Nacional Chelato Uclés, con capacidad para 35.000 personas, sino en espacios más reducidos y con una asistencia visiblemente menor. Fuentes cercanas al nuevo Gobierno señalaron que la comisión de traspaso acordó este cambio con el objetivo de reducir gastos.

Frente a la entrada principal del Congreso, apenas unas 60 personas aplaudían a Asfura durante su toma de posesión, algunas de ellas ondeando banderas del conservador Partido Nacional, al que pertenece el nuevo mandatario. En paralelo, se organizó un acto en el parque central, donde se congregaron alrededor de 1.500 personas.

Tras el discurso oficial, Asfura salió a un pequeño entarimado instalado en la calle Bolívar, a un costado del Congreso. Habló poco más de un minuto para agradecer el apoyo del pueblo hondureño. Sus simpatizantes coreaban: “Sí se pudo, sí se pudo”, a lo que el presidente respondió con su consigna de campaña: “Estamos activos”, mientras levantaba el puño. El acto organizado por el Partido Nacional se disolvió poco más de una hora después.

Los alrededores del Congreso estuvieron custodiados por cientos de miembros de la Policía Militar. El dispositivo de seguridad se reforzó tras el atentado sufrido el pasado 8 de enero por la congresista oficialista Gladys López, quien resultó herida por un artefacto explosivo.

Dos días antes, el domingo 25 de enero, durante la marcha por el Día de la Mujer Hondureña, un grupo de manifestantes se acercó al Congreso y fue dispersado con gases lacrimógenos por militares que resguardaban el recinto.

Al cierre de la jornada, cerca del mediodía, varios simpatizantes se tomaban fotos con un hombre alto y calvo que imitaba a Asfura. “¡Es papi, es papi!”, gritaba uno entre risas. A pocos metros, una mujer murmuraba: “Es al único que pude ver, porque el de verdad solo vino y se fue”.

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